Más de la mitad de los adultos en Colombia tienen exceso de peso. Esa es una afirmación respaldada por las cifras de la más reciente Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN 2015) disponible en el país.

Pero, aunque las cifras no mienten, la situación resulta más preocupante cuando eres tú o alguien de tu familia quien puede estar en riesgo. En ese momento, esos números que parecen tan lejanos empiezan a contar una historia diferente: la de tus seres queridos, tu familia, tus amigos o incluso la tuya.

En Colombia, el exceso de peso dejó de ser un asunto individual para convertirse en un problema de salud pública.

Los resultados así lo evidencian:

  • Adultos con sobrepeso: 37,7%.
  • Adultos con obesidad: 18,7%.

En total, el 56,4% de los adultos presenta exceso de peso.

En otras palabras, más de uno de cada dos adultos en Colombia vive con esta condición. Y las proyecciones muestran que la tendencia continúa creciendo. Según el World Obesity Atlas 2025, hoy el 64% de los adultos colombianos tiene un índice de masa corporal (IMC) elevado, y el 26% vive con obesidad. De mantenerse la tendencia, se proyecta que para 2030 más de 27,9 millones de colombianos tendrán exceso de peso.

Ese 56,4% (y ese 64% actual) significan que el exceso de peso se está convirtiendo en la norma y no en la excepción. Y cuando algo se vuelve «normal» socialmente, también resulta más fácil minimizarlo, aunque desde el punto de vista clínico sea una condición que merece atención.

Hoy entendemos la obesidad como una enfermedad crónica, recurrente y multicausal, con impacto neuro-inmunometabólico y psicosocial.

Dicho de una manera simple: no se trata únicamente de «subir de kilos». Es una condición que puede alterar la regulación del hambre y la saciedad, favorecer procesos inflamatorios, afectar el metabolismo y, con el tiempo, aumentar el riesgo de desarrollar otras enfermedades.

Atender las enfermedades relacionadas con el exceso de peso representa una carga considerable para el sistema de salud colombiano. Según el estudio de Ordoñez (2024), publicado en Value in Health y presentado en ISPOR, los casos nuevos de enfermedades asociadas a la obesidad y el sobrepeso le cuestan al país cerca de US$604 millones al año, equivalentes al 11,4% del presupuesto total del Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS).

Las enfermedades cardio-renales-metabólicas concentran el 85,7% de ese costo.

En conjunto, el impacto económico —sumando costos directos e indirectos— se estimó en US$5.320 millones para 2019, y World Obesity Federation proyecta que podría llegar a cerca de US$9.670 millones en 2030.

Esto es importante por dos razones:

  1. Porque la salud pública no se sostiene únicamente tratando las complicaciones cuando ya aparecen.
  2. Porque prevenir y tratar a tiempo es más humano… y también mucho más eficiente. 

La tendencia: cuando el número sube, el problema se acelera

El exceso de peso en Colombia ha aumentado de forma sostenida durante las últimas dos décadas y las proyecciones más recientes no son alentadoras: si esta tendencia continúa, para 2030 más de 27,9 millones de colombianos vivirán con sobrepeso u obesidad, según el World Obesity Atlas 2025.

No se trata de alarmar. Se trata de entender que esto ya está pasando y que el abordaje debe ser serio, continuo y libre de culpabilizaciones.

Lo que estos datos NO significan (y es importante decirlo)

Y aquí quiero detenerme un momento, porque estos números pueden prestarse para malentendidos. No significan que «todo el mundo está enfermo». Significan que existe un riesgo poblacional alto y que vale la pena que cada persona sea evaluada con criterio clínico, sin generalizaciones.

Tampoco significan que la solución sea hacer una dieta estricta y ya. La obesidad es una condición multicausal y su manejo efectivo casi siempre requiere una estrategia integral, seguimiento cercano y, en algunos casos, herramientas médicas adicionales.

Y mucho menos significan que esto deba enfrentarse con vergüenza. La culpa no cura. El estigma no mejora ningún indicador. La evidencia, sí.

Si hoy te preocupa tu peso, tu salud metabólica o tu historia familiar, el primer paso no es castigarte, sino entender cuál es tu punto de partida.

Una evaluación seria suele incluir:

  • IMC y circunferencia abdominal, según el caso.
  • Revisión del sueño, el estrés, los medicamentos y los hábitos de vida.
  • Tamizaje de comorbilidades: glucosa, perfil lipídico, presión arterial, hígado graso, entre otros.
  • Objetivos clínicos realistas: mejorar la salud, no perseguir una «perfección».

RECUERDA: el objetivo no es solo bajar de peso, sino recuperar tu salud

Si algo quiero que te lleves de este artículo es esto: la obesidad tiene contexto, tiene biología, tiene solución clínica y tiene manejo.

Como médico, lo que más me importa es que entiendas que la obesidad no se trata de «falta de voluntad». Es una condición compleja, crónica y tratable que merece un abordaje serio, con criterio clínico y sin juicios.

Detrás del peso hay historia, biología, hábitos, entorno y, muchas veces, años de intentos que terminan en frustración por no haber contado con el acompañamiento adecuado.

Por eso, mi invitación es a hacerlo bien y a tiempo: con una valoración integral que permita entender tu punto de partida —metabolismo, comorbilidades, sueño, estrés, hábitos y antecedentes— y construir un plan realista que puedas sostener en el tiempo. No para perseguir una «meta perfecta», sino para mejorar indicadores de salud, disminuir riesgos y recuperar energía, bienestar y calidad de vida.

Si te reconociste en alguna de estas cifras, no tienes que resolverlo solo o sola. Agenda tu valoración integral y demos juntos el primer paso hacia un plan real, con evidencia y sin juicios.

[Escríbeme / agenda tu cita aquí] — estoy para acompañarte en el camino hacia una mejor salud metabólica.

Nota: Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la valoración ni el diagnóstico realizado durante una consulta médica.

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